Mi encuentro con Daniel y Confucio
RGS
2/2/20263 min read


Existe la idea de que todo el contenido que hacemos en Herodotus parte de conocimientos que ya tenemos interiorizados. Sin embargo, desde el primer día hemos insistido en que este proyecto es, ante todo, un camino de aprendizaje que hemos decidido compartir. Somos los primeros que, para cada episodio, tenemos que investigar, comprender y reflexionar antes de sentarnos a grabar. En algunos temas partimos de una base sólida; en otros, comenzamos desde una hoja completamente en blanco. Eso es exactamente lo que me ha ocurrido con Confucio y, sin duda, los episodios que más apetecen grabar son precisamente aquellos de los que menos sabes.
Una de las mejores cosas que nos está dando Herodotus es la posibilidad de conocer y conversar con personas extraordinarias, gente con una profundidad intelectual y humana que, de otro modo, probablemente no habría cruzado en mi camino. Daniel es uno de esos encuentros que justifican por sí solos el proyecto. La primera vez que hablé con él por teléfono, me propuso dedicar un episodio a Confucio porque consideraba que en español había muy poco material riguroso y accesible sobre una figura esencial para entender el alma de China, de Asia y, en cierto modo, del ser humano. No dudé en aceptar y en pedirle lecturas para empezar a descubrir a un personaje del que, hasta entonces, no sabía prácticamente nada.
Ha sido una gran suerte poder acercarme, aunque solo sea parcialmente, a alguien como Confucio de la mano de Daniel. Mientras preparaba el episodio, me sorprendía constantemente comprobar cómo una persona del siglo VI a. C. podía tener una mentalidad tan avanzada. No solo por su visión de la educación como pilar fundamental del cambio político y social, sino por la importancia central que concede a la moral, la rectitud y la virtud.
Hay una idea en particular —que no quiero desarrollar demasiado para no desvelar el contenido del episodio— que creo especialmente pertinente para el momento que vivimos. Confucio sostenía que, para poner el mundo en orden, primero hay que poner en orden los países; para poner en orden los países, hay que ordenar la familia; para ordenar la familia, es necesario cultivar la vida personal; y para ello, debemos empezar por poner el corazón en orden.
Sinceramente, creo que esta reflexión sigue siendo profundamente actual. Tendemos a pensar que, en sociedades tan grandes y pobladas como las nuestras, la implicación individual carece de sentido y que preocuparse por la política o participar en la sociedad civil es una pérdida de tiempo. Sin embargo, comparto plenamente la idea —que Daniel expresa con mucha claridad al final del episodio— de que cada individuo tiene un peso real en el devenir de la sociedad. Por pequeño que uno se sienta, tiene el deber moral de cultivarse, formarse y tratar de poner su corazón en orden. Muchos de los problemas a los que nos enfrentamos hoy tienen su origen en una crisis de valores y de moral que no podemos ignorar y que empieza en cada uno de nosotros. Por eso mismo, todo cambio en el mundo, por grande que sea, tiene que empezar por nosotros.
Por último, no puedo evitar sentir una sana envidia al ver que alguien prácticamente de mi edad como Daniel posee tanta profundidad, claridad y capacidad para comunicar ideas complejas con tanta sencillez. Escucharle ha sido un auténtico regalo y estoy convencido de que esta será solo la primera de varias colaboraciones juntos.
Os animo a que veáis y escuchéis el episodio sobre Confucio y a que, como me ocurrió a mí, os dejéis sorprender por todo lo que aún podemos aprender y aplicar en nuestro día a día de alguien que vivió hace más de 2.500 años.
Gracias, Daniel, por tu tiempo y por compartir tu conocimiento en esta primera introducción a un personaje tan fascinante, y en el que sin duda seguiré profundizando tras este primer encuentro.
EP 11: Confucio: Educación, Virtud y el alma de China con Daniel Ortiz
Descubre junto al Dr. Daniel Ortiz Pereira cómo este "primer humanista" revolucionó el concepto de nobleza, arrebatándoselo al linaje de sangre para entregárselo a la excelencia moral, y por qué apostó por los ritos y el ejemplo en lugar de las leyes estrictas.
Si alguna vez te has preguntado por qué Asia vive obsesionada con la meritocracia o si todavía es posible encontrar en los clásicos la clave para no "deshumanizarnos" hoy, este viaje a la Era Axial es imprescindible.


