Mustafa Kemal Atatürk, el primer turco
Con una ideología kemalista, el ejército pasaría a ser el guardián del laicismo en la nación, provocando golpes de Estado frente a gobiernos que amenazaban con un rumbo islamista durante todo el s.XX.
IAF
5/17/20265 min read


Rara vez un país no goza de una o varias figuras de referencia mediante las cuales se puede explicar la construcción de una identidad colectiva. Es difícilmente explicable la historia de la India sin referirnos a Mahatma Gandhi (1869–1948) o a Ashoka Vardhana (304–232 a. C.). También nos resultaría imposible explicar la identidad colectiva española sin mencionar a los Reyes Católicos. Ni siquiera parece necesario explicar porque las figuras de Confucio (s.VI a. C.) o de Mao Zedong (1893–1976) son necesarias para desarrollar una imagen fidedigna de lo que es hoy China.
En el caso de Turquía, un país con siglos de historia que ha gozado de un enorme poder e influencia a lo largo de la Edad Moderna, existe una figura reciente que ha marcado la identidad nacional de los turcos y cuya presencia es omnipresente en cualquier instancia gubernamental de la República de Turquía. Hablamos de Mustafá Kemal Pashá “Atatürk”, el primer turco.
El Imperio
Formalmente, el Imperio otomano nació en 1299. Sin embargo, su ascenso a poder político influyente en el tablero mundial de aquellos siglos se daría en 1453, con la conquista de Constantinopla (actual Estambul). A partir de entonces, los turcos dominarían un vastísimo territorio, ocupado por diferentes etnias y culturas, que se extendería por gran parte de Europa, África y Asia. Los turcos se convirtieron en los amos del Mediterráneo Oriental, siendo el contrapoder musulmán de las potencias mediterráneas de la época (todas ellas cristianas), entre las que destacaba España.
Desde Argelia, pasando por los Balcanes, hasta el Golfo Pérsico. Desde Crimea (territorio actualmente en disputa entre Rusia y Ucrania) hasta más allá del Río Nilo (actual Egipto). Bajo el poder de los turcos se hablaba serbio, griego o árabe entre muchos otros idiomas. Durante siglos, los otomanos se convirtieron en la potencia de referencia del mundo musulmán, que, si bien acogía en su seno a otras religiones, como los croatas católicos o los cristianos libaneses, durante diferentes etapas llevaron a cabo políticas religiosas más restrictivas e incluso persecuciones contra estas minorías. Por eso históricamente los bosnios o los albaneses han sido mayoritariamente musulmanes. También por eso hubo una diáspora de cristianos que llenó Hispanoamérica de apellidos árabes.
Sin embargo, los movimientos nacionalistas del s.XIX en Europa marcarían un pronunciado declive del poder otomano. El camino marcado por los griegos en las oleadas revolucionarias de Europa en 1820 (por las que los griegos alcanzarían su independencia de los turcos) se trasladaría a los eslavos del sur de Europa. Más tarde a los árabes. Y lo que antaño fue reconocido como el Imperio otomano, ahora empezó a ser caricaturizado bajo el nombre de “el enfermo de Europa”. Porque sí: los otomanos se habían vuelto profundamente europeos a pesar de sus raíces musulmanas.
La Nación
En ese contexto, en el de un imperio en claro declive, nació Mustafa Kemal Atatürk en Salónica (actualmente Grecia). Hijo de su tiempo, Atatürk perteneció a una juventud influenciada por el nacionalismo europeo, turcos en conflicto con otras naciones integradas en lo que fue el Imperio otomano. Una generación que ya no vivía los tiempos de gloria de sus ancestros y condenada a la irrelevancia como país.
Organizados en grupos políticos reformistas, Atatürk perteneció a los “Jóvenes Turcos” (Jöntürkler), una nueva generación de líderes nacionalistas que orbitaban en torno al Comité de Unión y Progreso (CUP). Esta nueva generación de políticos derrocaría al sultán Abdul Hamid II y tomarían las riendas del Imperio a partir de 1909. Es decir, tomaron el mando justo antes del estallido de nuevas rebeliones en la Europa otomana que se saldaría con la pérdida del 33% del territorio, y justo antes del inicio de la Primera Guerra Mundial (1914–1918). Durante esta etapa, los nacionalistas turcos culminaron la muerte del Imperio otomano con la derrota de los imperios de Europa Central (Alemania y Austria-Hungría) y con episodios como el genocidio armenio, en el que casi 2 millones de armenios serían asesinados a manos de los Jóvenes Turcos. Esta derrota llevó a que los aliados se dispusiesen a desmembrar el Imperio otomano.
La propuesta del Tratado de Sèvres (1920) fue firmado por los turcos, heridos de muerte. De acuerdo con este tratado, el Imperio sería desintegrado, limitando Turquía a la ciudad de Constantinopla, sus territorios circundantes, y parte de Asia Menor. Esta resolución estaría habilitando la posibilidad de establecer un Estado kurdo independiente (minoría étnica que abarca una gran parte del Estado turco en la actualidad), así cómo la concesión de territorio a los armenios.
La República
El acuerdo fue rechazado por el propio Atatürk, ya elevado a figura de referencia entre los nacionalistas e inconformistas turcos. En calidad de militar, inició un levantamiento para revertir la humillación a la que Turquía parecía condenada. Su principal objetivo fue el de obtener el control de Anatolia, eliminando a las autoridades independientes que contradecían la autoridad turca, luchando contra griegos, franceses e ingleses en diferentes puntos del territorio turco. Victoria tras victoria, Atatürk logró revertir la humillación al orgullo nacional turco mediante la propuesta del Tratado de Lausana (1923), acabando con las aspiraciones independentistas kurdas y estableciendo las fronteras actuales de la que de ahí en adelante sería la moderna República de Turquía.
El establecimiento de la República, con el territorio que abarca y con las fronteras de las que goza, se dio contra un escenario internacional adverso a los intereses del establecimiento de un Estado turco tal y cómo se configuró en 1924. A partir de ahí, Atatürk se erigió como el padre de los turcos: no de los otomanos, ni de los serbios ortodoxos, ni de los árabes. Atatürk quedó para siempre identificado como el padre de la primera República de Turquía.
…y Europa
La nueva vida de los turcos vino marcada por un fortísimo reformismo cultural, proceso que también encabezó Atatürk. Fijándose en las repúblicas europeas, el nuevo Estado turco abrazó una serie de reformas laicistas, que rompían con (parte de) la tradición musulmana, fundamental para los turcos durante siglos.
Uno de los rasgos estéticos más característicos fue el cambio de alfabeto, del árabe al latino. “La lengua turca ha estado prisionera durante siglos. Ahora está soltando sus cadenas”, dijo Atatürk durante su proceso de reforma cultural. Con el establecimiento de la Ley sobre la Adopción y Aplicación del Alfabeto Turco de 1928, los turcos pasaron a adoptar el alfabeto que Atatürk quería que representara a los turcos: el que representaba a los europeos.
Este cambio estético, fundamental para la articulación de la lengua que cohesiona todo el país, representa el cambio de rumbo que tomó Turquía de ahí en adelante. Con una ideología kemalista (de Mustafa “Kemal” Atatürk), el ejército pasaría a ser el guardián del laicismo en la nación, provocando golpes de Estado frente a gobiernos que amenazaban con un rumbo islamista en más de una ocasión durante todo el s.XX.
Rara vez un país no goza de una o varias figuras de referencia mediante las cuales se puede explicar la construcción de una identidad colectiva. En el caso de los turcos, nunca vamos a poder explicar su identidad nacional si no es de la mano de su padre: Mustafa Kemal Atatürk, el primer turco.
IAF
